27 jun. 2011

the post sixty nine/69

ajedrez harry potter (detalle) foto draco.

rey al escaque f3.

mi rey huía de alfiles y caballos enemigos usando los peones propios y rivales como murallas involuntarias para cubrirse de los jaques que lo perseguían sin cesar. eterno se me hizo el tiempo al tener que padecer las diferentes y difíciles posiciones que se sucedían debido a las jugadas que efectúabamos hasta que una ligera inexactitud de mi rival simplificó las cosas de tal manera, que ya ninguno de los dos podía ganar o perder aquel juego.
ya más tranquilo, y para descansar la vista de la visión de aquel tablero, levanto el rostro y veo casi frente a mí, a una mujer que, sonriéndome y llevando sus manos a la altura de la boca, aplaudía en silencio cada difícil jugada que yo realizaba para no irme por el despeñadero. ella tendría unos treinta años, el cabello largo, lacio y oscuro, dividido en dos mitades perfectas por una raya al centro; estaba muy bien vestida y su presencia fue para mí una agradable sorpresa en aquella noche tan fría que amenazaba lloviznar a la más mínima oportunidad; y desde entonces viví una de las experiencias más extrañas que el ajedrez me haya deparado, a saber, que a cada jugada mía, recibía una mueca de disgusto de mi oponente y un aplauso carente de sonido de aquella mujer. nosotros seguimos jugando, y cuando terminó todo aquello continuamos analizando por un tiempo indefinido las posiciones que se habían sucedido debido a que mi rival trataba de demostrarme por todos los medios que él me hubiera ganado de todas formas.
al levantarme para irme, aquella misteriosa mujer ya no estaba.
el parque donde habitan más de cien gatos tenía una buena regular de gente a pesar de lo avanzado de la hora, y para relajarme de aquel juego infernal en el que todavía estaba sumido intelectualmente, decidí sacar mi pequeña cámara de fotos para hacer algunas tomas.
una joven sentada en un banco que estaba absorta leyendo un delgado libro mientras comía un sandwich triple, fue mi primer objetivo. ella en todo momento ignoró a un gato perlado de puntiagudas orejas oscuras que estaba a la caza de cualquier migaja que se le cayera para abalanzarse sobre él, y mucho menos se dio cuenta de mi persona que, apostado junto a un árbol que estaba alumbrado tenuemente por un lejano farol no perdía detalle de tan curiosa escena; huelga decir que tampoco mi cámara.
fueron las primeras fotos de las varias que hice sobre el mismo tema en diversos ambientes de aquel lugar y ya estando yo sentado sobre uno de los muros, curioseando las imágenes que realicé, escucho una voz de mujer que inconfundiblemente se dirigía hacia mí:
-the chessplayer, hi.
era mi espectadora secreta a la que reconocí de inmediato. le sonreí e hice el ademán de tomarle una foto, pero ella divertidamente se negaba a permitírmelo; entonces la invité a que viera junto conmigo las fotos, lo que dio lugar para enterarme de muchas cosas acerca de ella.
su nombre era -creo-, julianne, joanne, juliette o algo parecido; era nórdica y su inglés con el cual trataba de comunicarse era pésimo -mucho peor era el mío que ya es decir bastante-, estaba de paso por la ciudad y había salido a caminar un rato porque estaba sola y aburrida donde se hospedaba. (luego, más adelante, me confesaría que me eligió para vivir su pequeña aventura porque tuvo la peregrina idea de que no corría alguna clase de peligro con un joven que jugase ajedrez y que se paseara por un parque con una cámara de fotos).
entre conversar por medio de señas y palabras sueltas fáciles de comprender, caminar, tomar fotos y comentarlas, pasaron como veinte minutos; hasta que me dijo que aunque estaba muy bien abrigada, sentía el frío a través de su rostro y que me invitaba a su hotel para estar más cómodos:
-you, and me; my room, go to hotel.
y me señaló el gran hotel que estaba semicubierto por otros edificios más pequeños y que estaba a sólo dos cuadras de distancia.
traspasamos el umbral de su "room" ejercitándonos en actividades más intensas que ya habían tenido lugar en el ascensor a pesar de las cámaras de seguridad instaladas allí, de las cuáles ya nos habíamos percatado de su existencia y que ignoramos por completo.
ella entró tirando su bufanda, su abrigo, su suéter; al mismo tiempo que se deshacía fácilmente de sus zapatos y de su falda que ya estaba semiabierta desde antes de llegar, para concentrarse, a partir de mis labios, en el resto de mi cuerpo.
y yo, casi sin respirar, le devolvía los besos mientras mi mano derecha hurgaba acariciando, apretando y estrujando por debajo de su blusa semiabierta uno de sus senos, y la otra se hundía en su entrepierna ya sin ropa interior, donde sus largas piernas formaban un ángulo agudo cuyos grados diferían conforme al ritmo de su placer; y así, sin separarnos y avanzando como podíamos, nos dejamos caer en el lecho donde los besos y caricias iban alternándose mutuamente por cabellos, rostros, pechos, abdómenes y toda la región sur, que mediante idóneos giros de nuestros cuerpos hallaban números racionales -como aquel que da título a este post-, y nuestras bocas trazaban líneas, secantes, flechas y tangentes, por ejemplo la suya; y donde la mía daba un nuevo concepto de lo que eran paréntesis y corchetes, mientras nuestras manos cubrían y exploraban otras áreas de formas planas, redondeadas y cónicas, nada virginales, donde ya se habían librado anteriormente grandes batallas, ¡claro que sí!, que lo juro por la diosa ajedrecística caissa, quien se solaza a menudo con la parte superior de un alfil negro para distraerse de los muchos aburridos empates que insufriblemente la hacemos padecer casi sin descanso, al no haber un peón cerca.
mucho tiempo estuvimos así, no sólo con la geometría euclidiana, sino también con la descriptiva que descubrió un tal monge para idear y penetrar los secretos de las fortalezas enemigas y de esa forma ganar guerras de manera completa; e incluso bordeamos un poco la trigonometría porque llegué a localizar y comprender a cabalidad, a través de su curvilíneo cuerpo, lo que es el triángulo esférico trirrectángulo, el cual posee tres ángulos de 90 grados como ustedes saben mejor que yo.
pero lo mejor de todo fue que ella al escuchar la palabra "secret" se le dio por la equitación y me enseñó todo lo que sabía -y también lo que no sabía que sabía- hasta terminar cansados, agotados y dormidos en los brazos de morfeo, sumidos en lo más profundo de la mitología griega.

24 comentarios:

  1. ¿Tienes fiebre, Draco? ¿O se trata de otra parte de la saga de los sueños?

    Triángulo esférico trirrectángulo!!!

    Despierta ya!!!

    ResponderEliminar
  2. este pirata no tiene ninguna fiebre y el tal triángulo esférico trirrectángulo sí existe. ¡lo juro por todas las meigas habidas y por haber!

    ResponderEliminar
  3. Uys, no tienes ni la más remota idea de lo que acabas de jurar!!!

    Ya puedes ir poniendo una ruda en tu jardín, ventana o en la cabecera de la cama, que de los vampiros te librarás con ajos o crucifijos, pero de las meigas... te va a ser un poco más difícil!!

    ResponderEliminar
  4. este piratita vive muy lejos y supongo que tales meigas son muy flojas como para cruzar tooooooodo un océano. je.

    ResponderEliminar
  5. No sabes tú hasta dónde llegan las escobas voladoras!! jeje ; por si las moscas, no pierdas de vista el cielo por las noches...

    ResponderEliminar
  6. Me he quedado con los ojos tan redondos como un plato, nunca imaginé al virginal Draco en tales menesteres, ¿será que pienso que los seres virtuales son una especie de santos o yo que sé?

    ResponderEliminar
  7. malquerida, virginales es lo menos que somos por aquí, je. un beso.

    ResponderEliminar
  8. JAAAAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJA ¿virginal Draco?

    Jaaaaaaaaaajajajajajaja

    Oye, Draco... ten cuidado no sea que te desvirguen sin que te enteres, jajajajaja :P ¡A ver qué haces después! Nadie se va a querer casar contigo! jajajaajja

    ResponderEliminar
  9. ¡un pirata virginal! esa sí que estuvo buena. jajajajaja

    ResponderEliminar
  10. hola hola!!
    vaya Draco, ¡qué curioso relato! y ciertamente onírico, como ya se ha dicho por aquí.. me gustó la combinación de ajedrez y erotismo, por inusual y sugerente

    besos,

    ResponderEliminar
  11. Buen relato, un placer pasar por tu casa.
    feliz semana.
    un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Y no olvidar la geometría no euclidiana, con Lobachevski a la cabeza.

    ResponderEliminar
  13. Hola Maslama! Bienvenida! ¿ya estamos a 28? uys, qué pronto pasa el tiempo. Espero que hayas disfrutado de tu estancia en la costa.

    Lo del relato, le dejo a Draco, cuando vuelva, para que te conteste.

    Biquiños!!

    ResponderEliminar
  14. Bienvenido Ricardo, estás en tu casa, puedes pasar cuando quieras.

    Muaks!

    Hola Vergónides, vaya cambio de nomenclatura. Bienvenido de vuelta por aquí.

    ResponderEliminar
  15. Draco! que igual hoy te toca atender a los invitados, que no me da pasado el dolor de muelas...

    Ays... :`(

    ResponderEliminar
  16. y no te olvides de las matemáticas, maslama, que es lo que hace progresar al mundo, a pesar de nosotros mismos. un beso.

    ResponderEliminar
  17. más bien somos nosotros quienes nos alegramos con su visita y de que le haya agradado el relato, sr. ricardo miñana, saludos.

    ResponderEliminar
  18. uno nunca puede olvidar a lobachevski, sr. vergónides de cock, que al pobre le costó bastante demostrar la existencia de tal triángulo. saludos.

    ResponderEliminar
  19. jo. carina, espero que puedas solucionar rápidamente aquel problema dental. un beso.

    ResponderEliminar
  20. Oigan pero no se rían de mi, que si he visto piratas virginales, lo juro y pues bueno pensé que Draco lo sería jeje.

    ResponderEliminar
  21. oh, no, nadie se ríe de ti malquerida, sólo que tal idea provocó una natural hilaridad en carina sin alusiones personales hacia vuestra persona. un beso.

    ResponderEliminar

Y tú ¿qué opinas?