23 ene. 2016

saturday hot. doble infidelidad

tus labios de rubí,
de rojo carmesí,
parecen murmurar
mil cosas sin hablar
y yo que estoy aquí
sentado frente a ti
me siento desangrar
sin poder conversar.

                 sandro ("porque yo te amo" -extracto)

mientras iba caminando de vuelta hacia la sastrería, marco revisaba la cantidad de pan que la nueva despachadora le había entregado pues, al hacer el cálculo mental en el establecimiento, él había contado ocho y no siete panes como usualmente le despachaban; y estaba en lo cierto, había uno de más y él lo atribuyó a una equivocación debida tal vez a que ella era nueva y estaba un tanto fría en los automatismos que da la experiencia a través de la práctica habitual en lo que respecta al conteo y entrega de panes.

pero la "equivocación" en el conteo  volvió a pasar y se hizo de manera recurrente cada tres o cuatro noches. aquello le sirvió a marco para distraerse en su camino de regreso cavilando el porqué sucedía aquello y llegó a la "madura conclusión" de que maritza - pues ése era el nombre de la nueva despachadora que las confianzudas clientas le daban - entregaba un pan de más porque ya era de noche y en lugar de que se quede y se pierda, mejor que se distribuya el posible remanente entre los últimos clientes. decimos la "madura conclusión", porque la "ligera conclusión" a la que también había llegado, era que ella le estuviese coqueteando regalándole un pan, lo cual le hacía sonreír.

maritza era una joven que estaba al inicio de sus veintes, tenía una personalidad extrovertida, alegre, comunicativa, mostrando siempre una muy buena disposición a la clientela al momento de despacharles los diferentes productos del establecimiento y, por todo lo dicho anteriormente, ella no había pasado desapercibida para marco, sobre todo si se añade que tenía una muy bonita figura.

pero por mucha "extroversión" que maritza mostrase durante el horario de trabajo, ella era toda seriedad y circunspección al terminar su jornada y dirigirse al paradero para enrumbar directo a su apartamento. y fue el conocer ésa otra faceta de la personalidad de maritza que a marco lo hacía sentirse "corto" con respecto a ella a la hora en que él también tenía que tomar el autobús en el mismo lugar, impidiéndole al menos saludarla, limitándose a lo sumo a mirarla de soslayo.

lo otro, era que mientras maritza se subía al primer autobús que apareciera no importándole si estaba lleno de gente o no, marco esperaba hasta que llegara uno que estuviese vacío o al menos semivacío en el cual pudiera sentarse con total comodidad; aunque claro, con el pasar del tiempo llegaron a compartir el mismo autobús alguna que otra vez pero que al estar casi siempre con algo de gente apenas si lograban hacer algún ligero contacto visual.

pero una noche ambos no sólo compartieron el mismo autobús, sino que llegaron a sentarse juntos y fue luego de un pequeño tramo que el autobús había avanzado cuando marco, después de estar mirándose las manos por un pequeño lapso de tiempo, se animó a dirigirle la palabra a maritza acompañada de una sonrisa un tanto nerviosa.

-hola, siempre compro pan para llevar a casa. ¿te molesta si conversamos un poco? soy marco, ayudo al maestro paolo en la sastrería.

-no, está bien, ya sabrás por las clientas que lo dicen a cada rato, que mi nombre es maritza. tal parece que no tenemos empleos muy emocionantes que se diga, ¿no? -dijo ella con un esbozo de sonrisa.

-bueno, sí, -sonrío él- aunque ya aprendí a comprar las mejores telas en varios tonos de grises y negros para hacer los trajes, mi función principal es cortar, coser y pegar botones. el maestro es el que toma las medidas, diseña y hace los moldes.

-¿piensas trabajar en la sastrería por siempre?

-no, no es lo mío; ya veré qué hacer más adelante.

ellos conversaron un poco más entre largas pausas de silencio hasta que ella bajó y él siguió su camino hasta cuatro paradas de autobús más adelante.

en los días siguientes aunque él hacía todo lo posible por coincidir con ella en el paradero, rara vez tomaban el mismo autobús. lo otro, es que a él le daba la impresión de que a ella le daba igual compartir o no con él el mismo autobús y eso lo desalentaba un poco con respecto a ella. lo que no sabía es que aunque a maritza le gustaba su compañía no quería alentarlo a "algo más".

y una vez conversando ella le dijo lo siguiente:

-soy casada -y ante la cara de incredulidad y decepción de marco, continuó,- antes de cumplir los veinte quedé embarazada de sebastián y ante la presión de nuestros padres y como él también estaba de acuerdo, nos casamos por civil; pero a los cuatro meses de gestación perdí a la criatura de manera natural. y aunque hubo mucha tristeza no hemos hablado de embarazarme de nuevo. trabajo en la panadería para ocuparme en algo y no estar sola en el apartamento la mayor parte del día.

después de saber aquello, marco se quedó pensativo y ya como que no tenía mucho interés en compartir con ella el mismo autobús, pero como no quería dar una mala impresión ante maritza y -sobre todo- ante sí mismo, no varió su rutina y cada vez que tenían oportunidad conversaban algo en el mismo autobús que los llevaba a sus respectivos domicilios.

pasado un tiempo él notó que maritza por alguna extraña razón, comenzó a permanecer un tanto triste y melancólica por largos períodos de tiempo los fines de semana. marco bromeando le dijo:

-¿qué pasa, diste muchos panes de más hoy?

-no -dijo esbozando una ligera sonrisa que más parecía un mohín-. es otra cosa. es que hoy es viernes y mi marido está agarrando la mala costumbre de llegar cada vez más tarde. él dice que se reúne con sus amigos de la oficina, pero regresa de la calle oliendo raro y no necesariamente a tabaco y ron como dice la canción.

ante tal información marco simplemente calló en consideración a ella.

para maritza, marco era algo parecido a un amigo que la hacía experimentar vivencias que por el hecho de estar casada se había perdido y que sentía que de alguna manera estaba recuperando.

tres viernes más tarde subieron a un autobús el cual tenía apagadas las luces internas lo cual hacía que los pasajeros apenas se pudiesen ver entre ellos gracias a los faroles de la calle. fue maritza quien para animarse de su melancólico estado de ánimo, le propuso algo que a marco lo sacó de cuadro:

-¿te gustaría que nos besáramos en el siguiente túnel subterráneo que vamos a atravesar por debajo del óvalo? nadie se daría cuenta pues, las luces ahí son de un ámbar bastante tenue.

y se besaron. nerviosamente y con pequeñas pausas al principio, pero se besaron. besos intensos que ella no sólo sentía en el interior de su boca por una lengua invasora sino también por la mano de marco que ascendía fuerte y segura desde su rodilla a la parte superior de sus muslos por debajo de su falda. ellos estaban sentados al final del autobús y como nadie iba parado, nadie los veía y actuaban con total impunidad.

como ambos quedaron encendidos, agitados e insatisfechos por tales besos al terminar aquel túnel, decidieron finiquitar toda esa pasión contenida a duras penas en el cuarto del primer hostal que divisaron. allí continuaron los besos y las caricias. allí también se conocieron desnudos y perdieron juntos todos sus prejuicios y pudores mutuos. lo último que hubiera podido creer maritza al salir del trabajo, no hacía ni una hora siquiera, que iba a estar haciendo tales malabarismos con sus piernas ante cada embestida de marco. sus piernas ya estaban en un momento en la cintura de él como en otros ya estaban por encima de sus hombros o teniendo tan sólo a una de ellas levantada impúdicamente. al final marco dio su último estertor de placer sobre ella teniéndola boca abajo y aún así él proseguía haciendo movimientos pélvicos de vez en cuando, empujando y empujando.

fue ella quien salió primero al corredor pero tuvo que volver sus pasos rápidamente obligando a marco a entrar nuevamente al dormitorio.

-¿qué pasa? -dijo él.
-acabo de ver a mi marido de espaldas. va saliendo junto con aquella zorra. ¿ahora qué hago? me va a ver.
-espera. hay que darle cinco minutos de ventaja para que se vaya. ven, colócate mi chaqueta y enrosca tu cabello. yo iré adelante y si no está, sales y te vas en el primer taxi a tu apartamento. él todavía tendrá que dejarla en algún lugar.

a la noche siguiente, marco contó dos panes de más en su bolsa.

5 comentarios:

  1. "como nadie iba parado"..... esa formación linguistica forma parte de lo que me despista para ponerte fuera de la península. No obstante hay multitud de modismos que están en la peninsula, pero fuera de mi entorno, por ejemplo, expresiones asturianas donde ponen el pronombre al final de la frase.
    Aunque sisar panes para tan buenos polvos me parece poco precio.

    saludos

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    1. yo escribiría de manera natural si sólo escribiera para mis compatriotas pero, al ser draco una construcción ficticia, trata de ser lo más "universal" posible al momento de escribir.

      y claro, draco está definitivamente lejos de la península ibérica, digamos, a 15 horas en vuelo de avión con dos escalas incluidas.

      ya que me he escrito innumerables veces con carina a través de internet, draco la plagia un poco a ella al momento de escribir; y por las películas del inglés habladas en castellano hechas tanto en méxico como en chile también tendrá de hecho algo de esos países aunque la idea es que la escritura de draco sea lo más neutra posible.

      no estoy muy seguro, pero me parece que más elegante sería la expresión: "como nadie iba de pie" en lugar de "como nadie iba parado"

      lo del "pan de más" es un hecho tomado de la realidad que dio pie a esta historia.

      saludos.

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    2. Ay, Carina.... cuánto tiempoª

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  2. Un pan de más es como premio de consuelo, puede que a ella no le hubiese gustado ja.

    Beso DRACO

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    1. creo que a maritza le hubiera gustado colocar queso, mantequilla, yogurt, gaseosa y hasta el doble de la cantidad de pan en la bolsa de marco después de ese encuentro en el hostal, pero la hubiesen corrido del trabajo, je.

      besos.

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