4 jul. 2018

message del más allá

fue un encuentro casual y singular: lo más extraño que jamás haya experimentado yo. aunque parezca increíble, este relato es absolutamente cierto. la otra persona de que se trata podría confirmarlo.

wilma yeo. escritora estadounidense.

¿podremos alguna vez explicar un suceso como este?

mensaje del más allá

mi esposo y nuestras hijas gemelas, de 15 años de edad, se quedaron en nuestra casa de kansas city (misuri), en ocasión del viaje que hice con un grupo de amigas mías a la conferencia anual de escritores en la universidad de indiana, en bloomington. yo tenía ciertas dudas al dejarlos durante ocho días, aun cuando me aseguraron una y otra vez que esperaban con verdadera ansiedad la oportunidad de manejar la casa "sin mamá encima".

no pensé mucho en la inquietud que experimentaba, pues, si bien soy renuente a los viajes, consumida invariablemente por la nostalgia del ambiente que ya conozco, estaba segura de que mi intranquilidad desaparecería una vez iniciadas las actividades de la reunión.

estábamos alojados en la indiana memorial union, edificio lo bastante amplio para proporcionar tanto salas de conferencias como habitaciones a los 125 asistentes. todos éramos escritores admitidos por los méritos de originales presentados con anterioridad que ya habían juzgado los directores de los seminarios. estos últimos hablarían entonces personalmente con cada escritor. los neófitos esperábamos con verdadera ansiedad estos 30 minutos de charlas privadas con autores consagrados y aun famosos.

el manuscrito enviado por mí fue una primera novela de juventud. aunque ya había vendido un libro ilustrado, esperaba con verdadera emoción a medida que se acercaba el momento de mi conversación personal con la directora de las obras de tipo juvenil e infantil. esta conversación se había programado para las 5 de la tarde de ese primer día, en la habitación ocupada por la directora en el tercer piso.

mi último seminario se cumplía a las 3. sintiéndome inquieta, fui a mi habitación, en el segundo piso, me mudé de ropa, arreglé mis libros y cuadernos y todos los bártulos que llevábamos los asistentes a la conferencia. atribuía mi nerviosismo a la inminente entrevista. y aunque generalmente me gusta la soledad, entonces sentía una creciente urgencia de estar en compañía de otras personas.

en espera de encontrar a alguno de mis amigos, bajé al vestíbulo donde los escritores se reunían para hacer comentarios. nadie que yo conociera estaba allí, así que me presenté a otra señora, con quien hablé hasta cinco minutos antes de las 5. entonces le dije que me marchaba a mi conferencia y me dirigí a la escalera.

cuando encontré la habitación que buscaba, llamé a la puerta con bastante timidez. me sentía impresionada por el prestigio de la autora que me esperaba allí dentro. ¿qué diría de mi obra? la puerta se abrió tan rápidamente que me asaltó la fugaz idea de que la escritora había tenido la mano puesta en el picaporte todo aquel tiempo.

me presenté a la autora y observé que parecía estar afligida. supuse que habría pasado un día agotador; los directores de los seminarios se ven constantemente asediados por escritores de menor cuantía en busca de consejo.

"llega usted a tiempo", me dijo. yo miré mi reloj. eran exactamente las 5. con un ademán me indicó que me sentara en una de las dos cómodas poltronas que había en la habitación. tomé asiento, consciente de que la autora no se sentía más a gusto que yo.

ella no se sentó, sino que empezó a recorrer la habitación como si tratara de escapar de algo. se llegó hasta el escritorio, tomó el original que había yo enviado por correo con anterioridad, y en seguida lo dejó otra vez como si fuera demasiado pesado para sostenerlo.

las siguientes palabras que me dijo me causaron todavía más extrañeza, si cabe.

-no sé qué decirle.

mis esperanzas se vinieron abajo, pero reí con cierto embarazo para contestarle:

-si mi libro es tan malo, acepto su parecer. tengo otro...

-no, no es eso -me interrumpió-. me es muy difícil hablar con usted- retrocedió un paso-. quizá en otra ocasión.

había palidecido, e hizo el inútil intento de sonreír.

lo único que se me ocurrió fue que quizá se sintiera enferma.

-¿puedo servirle en algo= -le pregunté.

-no sé, no sé -dijo con voz débil, y repitió-. realmente, no sé qué decirle.

debe ser mi original lo que la ha alterado de esa manera, me dije. seguramente era muy malo, y ella luchaba contra un sentimiento natural de caridad para ser lo bastante honrada y decírmelo así.

sin embargo yo sabía que mi trabajo no era tan malo. me sentía verdaderamente perpleja. había hablado antes con otro escritor novel, que había oído a mi interlocutora opinar de su obra. aunque esa opinión había sido bastante severa, el neófito no me contó nada semejante a lo que me estaba ocurriendo.

-le ruego que no se preocupe por eso -logré decir-. me han rechazado muchas cosas. puede usted decírmelo sin rodeos...

-¡oh, por favor! -me interrumpió nuevamente- permítame hablar con usted en otra ocasión.

-desde luego -asentí bastante secamente, me temo.

para entonces me sentía tan turbada que estaba segura de aparecer tan desdichada como ella misma.

me despedí apresuradamente y abandoné el aposento con dolor de estómago. al bajar la escalera traté de imaginar alguna honrosa excusa para explicar aquella desalentadora entrevista a mis amigas, que sin duda ansiaban escuchar el resultado de mi consulta. cuando llegué a la puerta de mi habitación, dejé caer al suelo los libros que llevaba y me hinqué de rodillas para buscar en mi bolsa en desorden la llave del cuarto. antes de encontrarla, oí pasos en la escalera y levanté la vista.

era la directora del seminario. al verme allí de rodillas abrió enormemente los ojos.

-entonces es usted, y no yo -fue su extraño comentario. y echó a correr escalera abajo.

una vez en mi habitación, decidí quedarme allí y no bajar a cenar para evitar encuentros por el momento. inmediatamente después de la cena debía haber una reunión general de socios y dirigentes. para entonces estaba segura de haberme repuesto y de haber ordenado mis caóticos pensamientos.

sin embargo, más tarde, en el auditorio, aún me ardían las mejillas ante la idea de tener que describir el episodio. y al tomar asiento mucho me agradó no ver a nadie conocido cerca de mí.

el programa apenas se había iniciado, cuando alguien me tocó suavemente en el hombro. era un escritor de mi grupo. mostraba un rostro grave, pero supuse que me indicaba que me reuniera con los otros escritores de kansas city. me causó una ligera irritación, pues estaba aún deseosa de guardarme para mí mi desaliento.

me sorprendió el que me hiciera salir del auditorio, y más todavía el ver que las otras personas amigas mías me esperaban allí.

por su expresión deduje inmediatamente que algo malo había sucedido. me dijeron, con tanta dulzura como es posible emplear al comunicar una mala nueva, que mi esposo había muerto. había perecido en un accidente de aviación. yo no lograba comprenderlo. ¿accidente de aviación? ¡si con toda seguridad él había ido ese día a su oficina!

resultó que se le había presentado un asunto imprevisto en texas y que había volado allá en el avión de la empresa. en el viaje de regreso el piloto tuvo que hacer un aterrizaje forzoso. mi esposo era la única persona que había muerto. esto sucedió exactamente a las 5 de la tarde.

las febriles semanas que siguieron no forman parte de esta historia. durante mucho tiempo no volví a pensar en la conferencia ni en mi trabajo literario. luego, quizá dos meses más tarde, recibí una carta. la firmaba la directora del seminario, quien me expresaba sus condolencias y decía:

creo que debo explicarle lo que me ocurrió aquel día en la conferencia de indiana. en el instante mismo en que entró usted en mi habitación, me sentí casi abrumada por la sensación de una tragedia inminente. esta sensación iba creciendo en intensidad con cada segundo que trascurría y me era imposible romper aquel cerco. ni siquiera podía articular palabra.

este mismo avasallador presentimiento de desastre me había asaltado ya en una ocasión, en otra época de mi vida. fue muchos años atrás, cuando mi esposo murió en un accidente en el mar. no sabía yo si la invisible presencia que usted parecía haber traído a la habitación anunciaba una nueva tragedia para mí o para usted. pero yo reconocía esa presencia, sabía que algo amenazaba, a usted o a mí.

me enloquecía la idea de que pudiera haberle ocurrido alguna desgracia a alguien de mi familia. tan pronto como usted salió, me lancé escaleras abajo hacia la oficina principal para inquirir si se había recibido algún mensaje para mí. cuando llegué al segundo piso y la vi de rodillas frente a su puerta, comprendí: mi presentimiento (o llámelo como quiera) se refería a usted. seguí mi camino, de todas maneras, entré en la oficina y llamé a mi casa. allí todo marchaba bien. más tarde me enteré de lo que había sucedido con su esposo. y decidí que debería escribir a usted para darle una explicación.

no le contesté la carta. me era imposible. ¿qué podría decirle? aunque el episodio ocurrió hace cerca de diez años, todavía veo claramente el rostro atemorizado de la escritora, la escucho aún tartamudear, buscando cómo explicar lo inexplicable.

el manuscrito que fue causa de que hiciéramos conocimiento se ha publicado ya y he contraído un nuevo y venturoso matrimonio. ciertamente, el tiempo atenúa incluso la intensa aflicción de la muerte de un ser querido. pero ni siquiera el tiempo puede explicar fenómenos como los que en ocasiones la acompañan.

fuente: revista selecciones del reader's digest, septiembre de 1976.

16 comentarios:

  1. ¿Un hecho real? Verdaderamente inquietante, como una banshee intangible pero igual de presente.

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    1. cuando la muerte sobreviene de manera intempestiva los seres queridos buscan decir adiós de alguna forma.

      saludos.

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    2. Me pregunto si es una casualidad que le haya a dos escritoras.
      Yo tomo en serio la idea de las musas, sospecho que algunos captan mejor esa influencia, quienes tienen afinidad con lo creativo. Y tal vez eso incremente el captar lo extraño, algo que lo que cuenta esa escritora.

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    3. tal vez les ocurrió a tales escritoras por el doble hecho de ser mujeres y tener por lo mismo una sensibilidad especial; y como dice usted también lo creativo debe de haber sumado en esta extraña experiencia paranormal.

      saludos.

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  2. Entretenida lectura, y muy del estilo del año 76


    saludos

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    1. las ediciones antiguas de selecciones del reader's digest eran de alta calidad y era un placer leer sus textos, luego se decantaron hacía temas lacrimógenos y de salud hasta el hartazgo que llevaron a la revista a la debacle y a una profunda crisis financiera.

      saludos.

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  3. Hay cosas que no comprendemos, y no por ello dejan de ser reales. Yo tengo mis cuenticos :o

    Abrazos, disfruté la lectura.

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    1. a todos nos tocará al menos una vez en nuestras vidas uno de estos cuenticos paranormales.

      abrazos.

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  4. Sí creo que pueden suceder cosas así...

    Es impactante, tiene que sentirse uno muy mal si es capaz de captar esas cosas...

    Me gustan mucho las cosas que pones, Draco.

    Muchos besos.

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    1. debe ser atemorizante eso de ir sintiendo a la muerte cuando esta interviene en uno mismo o a la gente con la que estamos familiarizados.

      hay cosas que no tienen explicación lógica pues va más allá de nuestro entendimiento.

      besos.

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  5. Así que esto ocurrió un año después de nacer yo , yo nací en el 75 , pues esto no lo había leído en ninguna revista si no es por que lo publica tu hoy , pero vaya eso si es tener sensibilidad para captar una cosa así , como ya sabes mi madre solo lo a notado varias veces en su vida , y tiene 69 años , una entrada magnifica me a gustado mucho , besos de flor.

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    1. para ser más precisos, el hecho paranormal ocurrió en 1966 o 1967, siendo publicado en la revista "selecciones" en septiembre de 1976.

      pero sí, cuando la muerte sobreviene a terceros que amamos estos tratan de decir adiós de alguna manera; y hay incluso en tradiciones nórdicas que cuando uno mismo está a punto de morir un fantasma femenino se aparece, incluso ululando, al sujeto anunciándole de esta manera el fatal desenlace.

      besos.

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  6. Cuando pequeña, eran cerca de las cuatro de la mañana, mis hermanas y yo dormíamos en el segundo piso, mis padres y hermano en el primero, mamá llegó pero no entró, tocó por la ventana, cuando le abrí solo me dijo que mi abuelo estaba un poco enfermo, que no era nada de cuidado y que se iban a su casa, al apagar la luz una de mis hermanas me preguntó qué sucedía y le dije sin pensarlo, "el abuelo ha muerto", luego corregí y dije, no, solo está enfermo, pero me quedó esa sensación extraña, lo mismo tres meses después que tocaron la puerta, mamá no estaba y papá me dijo que abriera, no quise hacerlo, tenía la sensación de que la abuela ya no estaba, no sé explicarlo porque no entiendo qué sucedió.

    Supongo que hay cosas que no tienen explicación, gente que es más perceptiva o algo sucede.

    Un abrazo, DRACO

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    1. es una historia inquietantemente extraña la que has relatado. jamás podremos explicarnos al 100% los hechos paranormales que nos ocurren.

      un abrazo.

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  7. En esta casa suelen escucharse ruidos. Eso antes era un sembradío de comida para pájaro. Se fue civilizando con el tiempo. Últimamente las pesadillas que sufro por las noches me muestras rostros de gente conocida o de mi familia.

    La última fue del muchachito que se suicidó. Unos días antes lo done con su madre y abuela, sonreían los tres. Estaban todos los familiares.
    Cuando fuimos a velarlo estaban todos, como lo soñé.

    Un beso DRACO

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    1. hay cosas extrañas a las cuales no le podemos dar explicación alguna por más que lo intentemos.

      un beso-

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